Capítulo 3. Proteger su reputación!
- Ottobee

- 11 jun 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 28 jun 2025

Cuando Carlisle se dio cuenta de que la mujer a la que había besado era la preciada flor del marquesado de Olsen, su intención fue compensarla apropiadamente y resolver la situación antes de que se complicara aún más.
No tenía intención de aferrarse innecesariamente al asunto.
No había anticipado el calor abrasador que recorría su cuerpo ni la descarga eléctrica que lo sacudió en el instante en que sus labios se encontraron, pero corregir un error era más importante.
Sin embargo, la mujer que hace un momento jadeaba junto a él, respondiendo con fervor a su beso, ahora bajaba la mirada con una expresión inquietantemente serena y compuesta, como si nada hubiera ocurrido.
En ese instante, las emociones de Carlisle vacilaron.
Un impulso retorcido de romper su tranquila fachada se apoderó de él.
No le gustaba la desconcertante sensación de ser el único afectado mientras ella se mantenía indiferente.
Así que, contra su naturaleza habitual, decidió provocarla más.
La acorraló deliberadamente de una manera que ella no reconocería de inmediato.
"¿Qué apostarás como garantía para mantener este secreto?"
"Su Majestad, yo solo…"
"¡Ah! Dijiste que debería confiar en mi propio juicio ya que fui yo quien te besó, ¿no es así?"
La mirada de Carlisle recorrió lentamente a Cornelia como la de un depredador acechando a su presa.
"Eso no es suficiente. ¿No dijiste también que fue un error de ambas partes? Rechazar mi oferta es tu elección, pero quiero algo más seguro."
Cornelia mordió su labio ante la sutil presión que Carlisle ejercía.
"Yo… lo juro por mi honor."
"Eso suena igual que la respuesta anterior."
"Desafortunadamente, por ahora, es la única respuesta que puedo dar."
Tras una breve vacilación, su respuesta fue firme e inquebrantable.
Aunque se mantenía serena, no podía ocultar del todo el feroz orgullo que ardía bajo su calma exterior.
Un destello de interés cruzó por los ojos rojos y vidriosos de Carlisle, que hasta entonces no habían mostrado emoción alguna.
Solo pretendía provocarla un poco por diversión, esperando poca reacción, pero ella superó sus expectativas.
‘Qué lástima.’
Le habría gustado mantenerla cerca un poco más, pero Carlisle decidió que era hora de poner fin a ese lío y restaurar el orden.
"He oído tu promesa. Lo consideraré."
"..............."
"Ahora, es hora de que ambos disfrutemos el resto de la fiesta."
Cornelia quedó desconcertada por las palabras de Carlisle.
‘¿Disfrutar la fiesta? ¿Así? ¿Sin darme una respuesta adecuada?’
¿Hablaba en serio?
Hace apenas unos instantes, la presionaba como si la amenazara con exigirle una garantía, y ahora esperaba que actuara como si nada hubiera pasado.
Un dolor sordo se extendió por su cuello, y un dolor de cabeza comenzó a instalarse.
Sabía que debía reprimir sus emociones, pero no podía evitar sentir resentimiento hacia el emperador, que parecía descartarla con tanta facilidad.
Cerró los ojos brevemente, intentando calmar la ira que ardía en su interior.
"¿S-Su Majestad…?"
Carlisle, quien supuestamente se había ido hacia la terraza, ahora se encontraba justo frente a ella.
"Iba a marcharme, pero captaste mi atención."
‘¿Capté su atención? ¿Qué significa eso?’
Al ver la expresión confundida de Cornelia, Carlisle curvó los labios en una sonrisa enigmática.
"Parece que nuestro vínculo durará más de lo esperado."
"¿Perdón?"
"Nuestro error es una cosa, pero incluso como emperador, hay ciertas tradiciones que no puedo ignorar."
La mirada de Carlisle se deslizó sobre los delicados hombros descubiertos de Cornelia antes de bajar más.
Siguiendo su mirada, Cornelia miró lentamente hacia abajo… solo para ver sus pequeños pies descalzos y expuestos.
En ese momento, su rostro pálido se tornó ceniciento.
Con pánico, intentó jalar su vestido para cubrirlos, pero la falda de línea sirena se aferraba demasiado a su cuerpo como para ser de ayuda.
Desesperada, alzó la vista buscando sus zapatos.
Y entonces—
Carlisle levantó la mano que había mantenido oculta detrás de la espalda.
Colgando de sus dedos estaba el zapato que Cornelia buscaba.
‘¡De todas las cosas…!’
¡Ella no era del tipo que se quitaba los zapatos sin pensar, ni siquiera en momentos de debilidad!
De repente, recordó los regaños que solía recibir de Sophie y su niñera, y se arrepintió profundamente.
A pesar de la mentalidad abierta del Imperio Romano, una de sus tradiciones inquebrantables dictaba que mostrar los pies descalzos a alguien que no fuera su prometido o esposo era estrictamente prohibido.
Era una ley absurda, sin duda, pero como ciudadana del imperio, estaba obligada a acatarla.
Si Carlisle revelaba que ella había mostrado sus pies, o si alguien llegaba a enterarse de este incidente, su reputación quedaría arruinada.
"Parece que necesitaré una forma distinta de garantía."
Carlisle esbozó una encantadora sonrisa mientras observaba la expresión cada vez más turbada de Cornelia.
Hablaba con un tono pausado, lánguido, claramente disfrutando de la situación.
¿Por qué esa actitud relajada suya resultaba tan irritante?
Cornelia ni siquiera se dio cuenta de que estaba mordiéndose el labio inferior con frustración.
Toda la etiqueta noble y compostura que había cultivado durante años resultaba completamente inútil.
Necesitaba tomar la decisión más racional posible ahora mismo.
"Su Majestad, si olvida este incidente…"
"Eso no es una opción."
Antes de que pudiera terminar su frase, Carlisle la interrumpió con una respuesta firme.
"Entonces, respecto a la compensación que mencionó antes—"
"¿Quieres que esto sea el intercambio por mantener en secreto nuestro beso?"
Sus ojos rojos se clavaron en el hermoso rostro de Cornelia.
Su tono era resuelto, sin espacio para la negociación.
Pero Cornelia no tenía otra opción más que insistir.
"Nunca acepté esa compensación. Si Su Majestad lo permite, todavía podría usarla."
"Es cierto. Si cambio de opinión, claro."
"Entonces… ¿Su Majestad estaría dispuesto a reconsiderar?"
"Oh, vaya, ¿qué debería hacer? No tengo intención de cambiar de opinión."
‘¿Qué? ¿¡Por qué!?’
Había estado dispuesto a compensarla para mantener el beso en secreto.
Entonces, ¿por qué ahora insistía en usar el tema de sus pies descalzos en su contra?
¿Qué podía ganar con eso?
Cornelia quería gritar por el trato injusto del emperador.
‘¿Podría estar planeando humillarme…?’
La idea causó un estremecimiento en sus ojos ámbar.
Era posible.
Después de todo, ella era hija del líder de la facción noble, oposición directa a él.
Dependiendo de las intenciones de Carlisle, esta situación podría usarse en contra de su padre y su hermano.
Para él, era un asunto trivial, pero debido a una ley ridícula, la reputación que Cornelia había construido con tanto cuidado podría quedar manchada.
Claro, dado su estatus, ese escándalo no la impediría actuar como noble, pero sin duda sería objeto de chismes durante un tiempo.
Cornelia se enojaba consigo misma por haber bajado la guardia.
También encontraba detestables los cálculos fríos de Carlisle y su intento de manipular una mínima debilidad.
Sin embargo, luchó por reprimir sus emociones en lugar de protestar.
No ganaría nada al reaccionar emocionalmente frente a alguien con más poder que ella.
"¿Su Majestad…?"
Intentó calmar su respiración, inhalando profundamente, cuando Carlisle repentinamente inclinó la cabeza hacia ella.
La cercanía era tal que sus labios casi se rozaban, haciendo que Cornelia retrocediera instintivamente, solo para sentir la mano de él aferrando su cintura, bloqueando su escape.
Su cabello negro como la noche y sus ojos rojos como el fuego la atravesaron.
Cornelia quedó paralizada bajo su descarada mirada, incapaz de pronunciar palabra.
Sus facciones perfectas y esculpidas eran impresionantemente hermosas.
Vestido con un impecable uniforme blanco bordado con el emblema imperial, la flor de Philium, Carlisle irradiaba una autoridad natural.
La amplitud de sus hombros, capaz de eclipsarla con facilidad, hacía que respirar fuera momentáneamente difícil.
Ella se consideraba alguien con gran presencia, pero frente a él se sentía pequeña y frágil.
Si algo debía admitir—era un hombre imposible de ignorar. Y todos sus rasgos físicos coincidían con su tipo ideal.
"¿Terminaste de admirarme?"
"Ah…"
La risa profunda y grave de Carlisle resonó.
El sonido sacó a Cornelia de su trance.
Se dio cuenta de que había estado mirándolo embelesada, olvidando sus demandas y hasta su enojo.
La vergüenza coloreó sus mejillas, y bajó la mirada instintivamente.
La ardiente mirada de Carlisle recorrió su figura de pies a cabeza antes de apartarse.
Antes de que se diera cuenta, el aire entre ellos se había vuelto denso, y la tensión anterior se había transformado en un calor insoportable.
"Sentía curiosidad, ya que he oído innumerables elogios sobre ti."
Las palabras de Carlisle llegaron de repente, en un tono bajo y ronco.
Su voz tenía un encanto inexplicable que capturaba la atención, atrayéndola sin que se diera cuenta.
Cornelia recordó de inmediato el beso ardiente que compartieron.
Solo recordarlo hacía que su rostro se tiñera de rojo y una sensación hormigueante recorriera todo su cuerpo.
‘¡Concéntrate! ¡Deja de pensar en eso!’
Cerró los ojos con fuerza.
Como si eso pudiera borrar el recuerdo de su encuentro.
Pero cuanto más intentaba olvidarlo, más vívidamente recordaba el estremecimiento eléctrico que recorrió su cuerpo—y cuán suaves y embriagadores habían sido sus labios.
"El Marqués de Olsen ciertamente tiene razones para mantenerte oculta."
"Su Majestad…..."
Su susurro bajo la inquietó, como una tentación.
Instintivamente desvió la mirada, como intentando escapar.
Sin embargo, Carlisle extendió la mano, inclinando su barbilla con suavidad con la punta de sus dedos.
A medida que la distancia entre ellos se reducía una vez más, su aroma amaderado la envolvía.
Sus ojos, su nariz, sus labios—todo su ser estaba centrado en él.
"Entonces, ¿cómo fue?"
"¿Qué quiere decir…?"
"El beso."
Su mirada oscura se posó en sus labios enrojecidos—los mismos que había reclamado sin piedad hacía unos instantes.
Aún levemente hinchados, brillaban tentadoramente bajo la luz.
"¿Lo disfrutaste?"
Los ojos carmesí de Carlisle brillaban, como si estuvieran decididos a no perderse ni el más mínimo gesto de su expresión.
Bajo su mirada inquebrantable, la respiración de Cornelia se aceleró y sus labios se sintieron secos.
"¿Tengo que responder eso?"
"Sería lo mejor. Dependiendo de tu respuesta, podría cambiar de opinión."
Eso era sin duda injusto.
Cornelia lo sabía muy bien.
Y, sin embargo, a pesar de saberlo, no podía encontrar la manera de escapar de la red de tentación que Carlisle había tejido a su alrededor.


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