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Capítulo 7. El Ayer y el Ahora

  • Foto del escritor: Ottobee
    Ottobee
  • 15 jun 2025
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 25 jun 2025

High Society / Alta Sociedad

Antes de entrar al comedor, Epony le hizo una pregunta.


"Como aún no está familiarizada con los banquetes nobles, si me dice qué alimentos prefiere, los seleccionaré por usted. ¿Le parece bien?"


Adele pensó un momento y luego respondió:


"Lo podrido no, por favor. Todo lo demás está bien. Incluso puedo comer insectos."


"No es quisquillosa con la comida. Es una virtud admirable para una dama. Por el momento, me encargaré de su dieta."


El almuerzo elegido por Epony fue, sencillamente, sublime. No había otra forma de describirlo.


De aperitivo sirvieron un vino blanco aromatizado con aroma floral; como antipasto, bruschetta envuelta en salmón ahumado con berros.


Luego vinieron carpaccio de atún con rúcula y apio, linguine con caballa y abulón, y lenguado envuelto en papa con salsa de tomate.


Cada plato era exquisito. Adele habría lamido el plato si Epony no hubiese estado allí.


Epony, la responsable de que Adele comiera de forma respetable, le dio numerosos consejos durante la comida.


"Los cubiertos se usan de afuera hacia adentro. No debe apoyar los codos sobre la mesa. No baje las manos; durante la comida, ambas deben permanecer por encima del nivel de la mesa."


No había en su mirada ni un atisbo de desprecio. Epony era, sin duda, una doncella ejemplar.


Adele agradeció su desapego y absorbió con atención sus enseñanzas. Aunque la comida estaba deliciosa incluso fría, deseaba poder comerla caliente la próxima vez.


Adele terminó con entusiasmo hasta la panna cotta del postre antes de atreverse a mirar a Epony.


‘¿Había comido como una pordiosera?’


"Ha comido muy bien, y es un gusto verla así."


Por fortuna, Epony, con su sabiduría de mujer madura, parecía satisfecha con el apetito de Adele.


Tras la comida, Adele se puso un fino chal tejido con tafetán sobre su vestido de muselina de alta calidad y salió a recorrer la mansión.


"Ya que ahora forma parte de los Bonaparte, es necesario que conozca la disposición de la casa. Aquí está la biblioteca, allí la sala de reuniones, por aquí la galería larga, el salón de billar está allá, y el comedor es..."


La explicación de la estructura de la mansión continuó sin pausa. Adele siguió dócilmente a Epony, memorizando el camino.


A diferencia de los laberínticos callejones de Fontanier, el espacio era amplio y la distribución sencilla, lo que facilitaba memorizar el recorrido.


Mientras cruzaban el patio central del primer piso, Adele notó una gran ventana brillante en la parte más alta del jardín.


‘¿Será esa la habitación de Eva Bonaparte?’


Quiso preguntarlo, pero la residencia del presidente podía ser confidencial por razones de seguridad. En su lugar, Adele preguntó otra cosa.


"¿La presidenta?"


"Debe referirse a ella como 'Mayor o Gran Dama’."


Dijo Epony en voz baja mientras caminaba delante.

"'Presidenta' es su título oficial público. Pero como usted ahora forma parte de la familia, es más apropiado usar 'Mayor o Gran Dama', que se refiere al miembro mayor de la casa."


Tras decir eso, Epony dejó la frase en el aire.


"Claro que, si lo analizamos estrictamente, debería llamarla 'abuela'. Pero por ahora..."


Seguramente, pensaba que debía considerar cómo se sentiría Eva si una antigua lustrabotas la llamaba "abuela".


Adele asintió con la cabeza.


"Entiendo. ¿Y la Gran Dama?"


"El ala derecha del primer piso es donde reside la Presidenta. Actualmente, está fuera por asuntos del Signoria."


‘Mejor evitar ese lugar.’


"¿Y mi hermano mayor?"


"Él vive en la zona central del primer piso."


"Ya veo."


‘Otro lugar que debo evitar. Esta mansión está llena de minas.’


Adele trazó mentalmente sus zonas prohibidas y siguió recorriendo la mansión con Epony.


Solo con eso, el día se le fue por completo.


Aun quedaban lugares por ver, y al final del recorrido, Epony añadió:


"Sería mejor visitar los nueve jardines alrededor de la mansión más adelante. También necesitará el permiso del joven maestro para ver el palacio exterior."


Así cayó la primera noche de Adele en la mansión Bonaparte.


De regreso a la habitación verde menta, Epony le explicó a Adele cada uno de los objetos del cuarto.


"Si necesita algo, agite la cuerda de llamada. Esta es la cuerda de llamada. Normalmente vendría una doncella, pero yo me encargo personalmente de atenderla. Si me llama, llegaré en menos de diez minutos."


Aunque no tenía intención de hacer algo tan lujoso, Adele asintió por cortesía.


"Entonces, que la diosa del mar vele por su noche, señorita."


"Mm... tú también, Epony."


Ahora Adele estaba sola en la habitación. Se puso su camisón de dormir y se metió lentamente bajo las sábanas.


Se acostó de lado, enrollándose como una pequeña oruga, y miró la cuerda dorada sobre su cabeza.


Si algún día decidiera morir aquí, bien podría colgarse de esa cuerda.


Se felicitó mentalmente por haber ideado un método tan ingenioso y echó un vistazo a la habitación en penumbra.


En Santnar no se recargan las decoraciones interiores. Aunque había cortinas, no eran muy gruesas, por lo que la luz de la luna traspasaba el velo e impregnaba silenciosamente la habitación.


‘....Es tan silencioso.’


En esa mansión, parecida a un museo, no había ningún sonido.


En las chabolas de la calle se escuchaban hasta el amanecer peleas de matones, marineros borrachos que regresaban de altamar y familias desmoronándose por dinero.


Adele, sin siquiera parpadear, se hizo un ovillo más cerrado. Era realmente sorprendente.


Así que existía un mundo como este.


Era posible que la vida no tuviera que ser tan cruel.


Habría sido bueno si Clarice también hubiera venido.


Clarice era la compañera de vivienda de Adele y su única amiga.


Cuando Adele se hacía pasar por el lustrabotas mudo Abel, Clarice era la única que sabía que era una mujer.


Debería habérselo dicho antes de venir, pero no pudo hacerlo. Clarice, que solía pasar la noche fuera con frecuencia, no había regresado a casa la noche anterior.


Adele dejó una carta explicando la situación de manera vaga, pero no sabía cuándo la leería Clarice.


‘Clarice se sorprendería mucho si lo supiera.’

‘¡Adele! ¡¿Viviendo en una habitación como la de una princesa?! ¡Qué envidia! ¿Me contratarías como tu doncella? ¿Sí?’


Adele soltó una pequeña risa al imaginarse con claridad la reacción de Clarice, como una luna llena sobre el mar.


"Es cierto. Estoy durmiendo en una habitación de princesa..."


No podía creerlo. Hasta ayer, ni siquiera había podido comer un trozo de pan de cebada y se llenaba el estómago con agua de la fuente.


Ese día había comido tres veces y todas las comidas fueron deliciosas.


El menú de la cena consistía en reginette con pulpo y tomate, y lenguado con espinacas.


​​El postre fue un gelato de ricotta, más dulce que cualquier cosa que Adele hubiera probado en su vida.


Era un mundo perfecto y brillante, sin nada que desear.


".........."

De repente, una lágrima rodó por su mejilla. Adele la dejó correr sin intentar detenerla.


‘Ojalá nunca hubiera sabido que existía un mundo como este.’


Adele lloró sin sollozos, con el rostro inexpresivo, y pronto se cubrió la cabeza con la manta hasta arriba.

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