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Capítulo 2. Promesa entre dos familias

  • Foto del escritor: Ottobee
    Ottobee
  • 26 may 2025
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 25 jun 2025

High Society / Alta Sociedad

Cesare entrecerró los ojos por un momento, como si estuviera calculando algo.


Incluso las finas arrugas junto a sus ojos parecían trazadas con un pincel minucioso: armoniosas y pulcras.


Al momento siguiente, el hombre de esos rasgos llamativos dijo:


"¿Eres virgen?"


Sus ojos dorados parpadearon con desgano al formular la pregunta. Era una mirada limpia, sin un solo rastro de mezquindad.


Gracias a ello, Adele comprendió de inmediato el verdadero propósito de la pregunta.


"Lo soy".


"Hmm"


Cesare, que quizás esperaba que ella se echara atrás por su cuenta, frunció ligeramente el ceño y esbozó una sonrisa.


"Me sorprende que una limpiabotas de Fontanier sepa lo que es la virtud”.


Aunque sus palabras podrían haber sonado sarcásticas, no había agresión en su tono.


Adele, que dudó por un instante, respondió.


"Creo que sé más que Giacomo."


Cesare soltó una carcajada.


Giacomo era un noble famoso por ser el libertino del siglo.


Lo que Adele quería decir era claro: tener sangre azul no te hace más virtuoso.


"Ni yo lo sé, para ser honesto", dijo el hijo descarriado de los Buonaparte con tono alegre.


Una sonrisa aún persistía en sus labios.


Adele no pudo evitar reconocer que su sonrisa era, tal como decían los rumores—no, incluso más—encantadora.


Los profundos hoyuelos que se formaban en su amplia boca, la curva de sus ojos que suavizaba su mirada fría y ese pequeño y coqueto lunar al borde de su ojo…


Todos esos rasgos, que podrían haber desentonado en otro rostro, en él se unían de manera aterradora y seductora.


No era de extrañar que tantas damas lo anhelaran.


"¿Lo has oído, Jude? Este limpiabotas habla mejor que Lucretia", dijo el hombre encantador; se volvió hacia su amigo, sentado a su lado.


"La señorita Della Valle solo tartamudea frente a ti, Cesare," respondió Jude con tranquilidad.


"Admito que soy bastante encantador. Pero eso no significa que ella no sea una idiota" dijo Cesare, llevándose un cigarro a los labios.


Jude, sentado a su lado, soltó una risa incrédula con expresión de "no me lo puedo creer".


"La señorita Della Valle debería saber cómo es tu carácter en realidad".


Jude. Jude Rossi. Era alguien de quien Adele había oído hablar.


En los periódicos solían referirse a él simplemente como “el amigo de Cesare”.


Pero no era solo eso.


Incluso alguien como él, a quien era fácil subestimar por descuido, era en realidad el heredero de la casa Rossi, una de las más nobles de Fontanier.


Con su cabello castaño oscuro perfectamente peinado hacia atrás sin dejar un solo mechón fuera de lugar, el heredero de los Rossi finalmente volvió la vista hacia Adele.


"¿Señorita, de verdad quiere involucrarse en esta farsa?”


"Me llamo Adele Vivie. Y sí, sí me aceptan".


Los ojos verdes de Jude Rossi se llenaron de asombro y desconcierto.


"Señorita Adele Vivie, Cesareno lo dice, pero esto no es algo tan sencillo. No es que dude de su capacidad intelectual, pero… ¿está segura de haber entendido bien la situación?”


Decía que no dudaba, pero expresaba todas sus dudas. Muy propio de un noble.


Adele echó un vistazo rápido a Cesare antes de responder.


El Buonaparte observaba su conversación con esa mirada temiblemente fría tan suya, aunque fingiera un aire de diversión.


Adele pensó que prefería lidiar con Jude Rossi que con él, así que respondió con voz firme.


“Antes que nada, le pido disculpas por haber escuchado a escondidas. Pero, si me permite, ¿puedo repetir lo que entendí para asegurarme de que no me equivoco?”


“Vaya… bueno, adelante”, respondió Jude con un suspiro.


"Todo empezó con un acuerdo entre las casas Buonaparte y Della Valle”.


Adele prosiguió con cuidado, esforzándose por mantener firme la voz.


"Hace mucho tiempo, los jefes de las casas Buonaparte y Della Valle hicieron una promesa: casar a la hija de los Buonaparte con el hijo de los Della Valle.”


"Eso es correcto", confirmó Jude.


"Sin embargo, en aquella época el matrimonio no se concretó, y el acuerdo fue documentado y transmitido a las generaciones siguientes.”


"Cierto. ¿Y luego?”


"Este año, de repente, la familia Della Valle exigió que se cumpliera dicho acuerdo. Pero...


La mirada de Adele se desvió brevemente hacia Cesare.


"Actualmente, la rama directa de los Buonaparte no tiene ninguna hija. Así que los Della Valle exigieron, al menos, que presentaran un heredero. Y el señor Cesare Buonaparte, aquí presente, necesita a una mujer para resolver ese asunto.”


Jude volvió la vista hacia Cesare. Su expresión decía: Esto es demasiado impecable… y eso es un problema.


Cesare, que hasta entonces no había hecho más que fumar su cigarro, por fin habló.


"¿Sabes por qué están sacando a relucir ese acuerdo ahora?"


Parecía una pregunta simple, pero solo podía responderla alguien que estuviera al tanto de los periódicos.


Adele respondió sin vacilar.


"Creo que fue la señorita Lucrecia Della Valle quien planeó todo esto, deseando casarse con usted".


Así era.


Lucretia Della Valle. La hija menor de la familia Della Valle: inteligente, hermosa.


Hasta los gatos callejeros de Fontanier sabían que estaba enamorada de Cesare.


Al escuchar la respuesta de Adele, Cesare esbozó una curva con sus bonitos labios, como dibujando una sonrisa.


"Vaya, vaya... Hasta una limpiabotas de Fontanier conoce los delirios románticos de Lucretia."


No había ni una onza de respeto por la dama en su forma de hablar, pero eso no le importaba a Adele.


Lo importante era que Cesare necesitaba una mujer. Y que ella prefería ser vendida a una casa noble antes que acabar en un burdel.


"Por lo que veo, usted no desea casarse con ella. Pero un pacto entre casas es algo sagrado. Así que quiere deshacerse de él de una vez, ¿no es así?”


"¿Y entonces?”, replicó Cesare.


Aparte de la ligera sonrisa que flotaba como escarcha en su rostro, los ojos dorados de Cesare eran de una frialdad sorprendente al posarse sobre Adele.


“Así que, véndame”.


Adele no desvió la mirada.


“Me haré pasar por la hija de los Buonaparte y seré entregada a los Della Valle. De ese modo, usted no tendrá que casarse con esa señorita, ¿cierto?”


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